Calcenada 2008. VII Vuelta al Moncayo

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Fue después de la Transalcudia Reedición cuando nos enteramos de esta ruta y decidimos realizarla. No puedo decir esta vez que se le fuera la olla a Belbiker…realmente fui yo quien la propuso. Y Rafa y Belbiker, como muy cuerdos no parecen estar, se animaron a realizarla. Al final, Rafa, en un ataque de cordura, decidió no ir dos semanas antes, y se le echó de menos. La Calcenada es una prueba que se hace andando, corriendo, a caballo y en bici de montaña. 104km y casi 3000m de desnivel acumulado (según el GPS son poco más de 100km y algo más de 2500m de desnivel). Una autentica prueba rompe piernas.

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El viernes 1 de agosto partimos finalmente Belbiker y yo (Fran) para Calcena, en la provincia de Zaragoza, cerca de la de Soria, en la parte sur del macizo del Moncayo, dentro de la Comarca del Aranda. Llegar hasta el pueblo no fue fácil por los últimos 20km, carreteras estrechísimas, llenas de curvas, en un paisaje montañoso, lo que hacía presagiar que la ruta de fácil no tendría nada. Tras una zona rocosa impresionante, con formaciones casi mágicas, llegamos a Calcena, enclavada en el barranco de Valdeplata.

Nada más llegar nos dirigimos al albergue juvenil, de la red Hostelling Internacional. Y ahí nos llevamos una pequeña decepción con la organización de la prueba. Habíamos reservado con mucha antelación plaza en el albergue, con 60 plazas, pero allí no había una lista de reservas, por los que llegaban si encontraban sitio se alojaban. Tuvimos suerte de coger sitio, pero por poco nos quedamos sin alojamiento. Al salir del albergue vimos la salida de los corredores, les esperaban 104 km duros y nocturnos.

Teníamos ganas de cojer las bicis y dar un pequeño paseo de reconocimiento de la zona. Así que nos dirigimos a Purujosa, por una carretera por donde al día siguiente pasaría la ruta. El paisaje es impresionante en esta zona, un barranco excavado en la roca, dejando paredes verticales..y Pujurosa, pequeño pueblo casi deshabitado (según parece tiene solo dos habitantes en invierno), en lo alto de una roca, en un marco incomparable. En esta zona los pueblos no son pequeños en extensión, pero llama la atención la fuerte despoblación. En Pujurosa, en la única calle de subida al pueblo, un semáforo llama la atención. Según nos contaron, su existencia se debe a desavenencias a la hora de pasar por esta estrecha calle.

Un anciano que nos ve con las bicis nos pregunta que si vamos a participar en la Calcenada. -¿Y habeis pagado para eso?, Maño, que locos!. Nos dice que en el puerto del Tablado tendremos que subir andando, que esta muy empinado..Una vecina del pueblo nos da ánimos y nos dice que a las 8 de la mañana estará en el camino para darnos ánimos. Y así hizo, al día siguiente estaba allí aplaudiendo a todos los ciclistas.

De repente el estruendo de un helicóptero resuena entre las montañas. Era un helicóptero sanitario, mala señal. Luego nos enteramos que a un participante de los que iban andando le había dado un ataque o una lipotimia y se había caído en el puerto del Tablado…eso nos los pone de corbata. Regresamos al albergue y preparamos las cosas para el día siguiente.

El sábado 2 de agosto nos levantamos temprano, desayunamos correctamente y dimos otra pequeña vuelta antes de empezar. En esta vuelta vimos al primer corredor que llega, eran las 7.45 de la mañana…increible, menos de 12 horas. El ambiente de ciclistas a esta hora es ya casi nervioso, unos 300 ciclistas tomarán la salida. Nos colocamos cerca del arco de salida y empezamos la ruta con algunos minutos de retraso. A esas horas hacía frío. Las previsiones del tiempo decían una mínima de 13 grados y una máxima de 30, con viento del norte leve. Tras la salida, nada más salir del pueblo, un autobús cruzado en la estrecha calle impide el paso de los ciclistas. Se aparta y podemos pasar.

Los primeros 6 km por la carrtera de Pujurosa, por el barranco de Valdeplata, impresionante. Y Pujurosa, entre las paredes con el sol de frente…es una vista de otro tiempo. En Pujurosa la anciana vecina aplaudiedo a todos, como prometió el día anterior. Nos desviamos de la carretera y comienza la ascensión al Puerto del Tablado, a 1362m de altura. El puerto tendrá unos 6 km y un desnivel de 450m. En principio no es un puerto muy dicicil, aunque tiene zonas muy técnicas y empinadas, que se suman a zonas menos empinadas, lo que hace que puedas tener algun descansillo en el ascenso. La dificultad era la densidad alta de ciclistas, que hacía que si uno se paraba los de detrás también. Durante la ascensión pronto dejé de ver a Belbiker, que llebava un ritmo más rápido que el mio. Yo iba reservando, en una ruta tan larga y sin conocerla más vale ser conservador. En un monento la ruta se empina y la gente se empieza a parar. Esto me obliga a esquivar y logro zafarme en un primer momento si parar, pero despues me encuentro con un tapón y no me queda mas remedio que bajarme de la bici. Logro arrancar y ya no me paro hasta la cima del puerto. Por el camino me encuentro con mi compañero y vamos a la par, pero se para cerca de la cima, no se encuentra muy bien. Arriba le espero.

La bajada hacia Borobia, en Soria, es rápida y peligrosa. El camino engañaba, parecía en buen estado, invitaba a correr, pero escondía zonas de curvas con badenes, arroyos, piedras, regueros…alguna caída se dió en esta zona. En Borobia cambiamos la dirección oeste por la dirección norte, y de nuevo nos juntamos Belbiker y yo. Vamos juntos y llevamos un ritmo tranquilo. Hasta Cueva de Ágreda el camino, a veces pista, a veces carretera, a veces camino, va subiendo de cota poco a poco, sin desdecender de los 1200m. Ahora tenemos viento de frente, del norte, lo que hace que sea pesada esta parte. Veo que Belbiker todavía no se ha despertado, y vamos hablando para hacer más animada esta parte. Tenemos a la derecha el impresionante perfil del Moncayo.

En Cueva de Ágreda comienza la subida a el Puerto de Canto Hincado, a 1483m de altitud, en la misma falda norte del Moncayo. Desde lejos es impresionante, prácticamente una recta, con un terreno pedregoso sembrado de regueros…pero lo subimos sin dificultad, y ya parece que Belbiker se ha despertado. LLego instantes despues que el y veo que no ha parado, por lo que tampoco lo hago y comienzo el descenso, muy peligroso, empinado con tierra suelta y piedras, alternando con zanas de gravilla y regueros…bajo con precaución y le alcanzo. El descenso es largo, nos separamos unos cientos de metros y en una zona mejor nos volvemos a juntar. La ladera norte del Moncayo es boscosa, más húmeda. El buen día hace que se vea toda la depresión del valle del Ebro, y al fondo las primeras cumbres de los Pirineos. La pista de descenso mejora, pero tiene zonas muy peligrosas de gravilla que te pueden hacer perder el control a alta velocidad, sobre todo en las curvas. LLegamos a una carretera que sigue descendiendo. Ahora la velocidad se eleva, bajamos como motos (creo que nunca he ido tan rápido). Y llegamos a un pueblo, de nuevo en Aragón, Agramonte, y despues a San Martín del Moncayo, donde tomamos un refrigerio.

A partir de este punto comienza una zona rompepiernas, donde el calor aprieta de verdad, y donde durante unos 20km, sufro una medio pájara. Vamos ahora dirección sur, estamos a 500m de media por debajo de la zona soriana de la ruta, y el calor se nota. Ascendemos por una zona boscosa y técnica, descendemos, ascendemos de nuevo, no muchos metros pero si empinadas rampas técnicas que me obligan a bajarme de la bici en mas de una ocasión. Acuso el cansancio, Belbiker se me va. Pasamos por Lituenigo, no me recupero, y llego a Litago solo, donde me encuentro con Belbiker, que me espera para que recupere un poco y tome algo de comida. Aquí el avituallamiento es fabuloso: pasta, fruta, agua, isotónicos, refrescos, cerveza, cesped, sombra…todas tentaciones buenas. Me tomo medio plato de pasta y seguimos. La pájara no se me acaba de pasar y Belbiker tira delante hasta que dejo de verle. Sigue el terreno rompepiernas y pienso que como llegue así al puerto de Tonda se me acaba allí la ruta.
Tras una ascensión que para mi es un suplicio, llego a una carretera asfaltada, me junto con otros ciclistas, y me voy notando mejor. Y por suerte una bajada asfaltada recupero fuerzas y me empieza a hacer efecto la comida. Bajo rápido, el asfalto se torna tierra. Se pasa cerca de Añón, un pueblo precioso, y más porque me siento bastante mejor. En las inmediaciones de Añón adelanto a los últimos senderistas…que duro, aún les quedan unos 30km de calor y de monte…A partir de ahora el reguero de senderistas es continuo, en grupos de dos o tres, a veces uno, como uno que me paró para que le diera agua, llevaba una hora sin beber. Le di de mi mochila de hidratación, y paró otro ciclista para darle más, y luego otro para ofrecerle también…que no sea por falta de solidaridad. Por suerte se encontraba a 1km de un avituallamiento. En este tramo a la izquierda a lo lejos se veía una empinada subida, y larga, con pequeños puntitos que casi no se movían, que eran ciclistas y senderistas…que pequeños somos a lo lejos, parece que no nos movemos! Se trata del puerto de Añón, el penultimo puerto de consideración antes de Tonda, que es el último. Alcanzo a un ciclista y me quedo a su ritmo, un argentino que vive en Zaragoza. Vamos hablando y llegamos al pie de la subida de puerto, asfaltado. Dos kilómetros del 15 y el 20% de desnivel, rectos…Pero los subimos sin problemas con el plato pequeño, y arriba nos dan la clasificación de la ruta en ese punto, ibamos el 54 y el 55 (Belbiker pasó el 47). De 300 no ibamos mal!

La bajada peligrosísima por la velocidad, con cuidado de no atropellar a los senderistas. Llegamos a Talamantes, donde las indicaciones eran confusas, pero pasamos sin complicaciones. A la salida una pared muy técnica hace de nuevo que me baje de la bici. El argentino se me va quedando detrás, pero ya no le espero, voy intentando acercarme a Belbiker, que no se donde está ni la distancia que me saca. La zona es autenticamente rompe piernas, subidas cortas pero empinadas, bajadas repentinas y volver a subir…en un momento dado la subida se alarga, y se empina bastante. Pongo el plato pequeño y me tumbo sobre el manillar, no me quiero bajar ahora. Una cuesta larga, diría que larguísima, donde muchos ciclistas andando, y donde se avanzaba poco más rápido que los senderistas me da la pista de que estamos en el puerto de Tonda. Veo arriba del camino, a lo lejos un avituallamiento y supongo que hay empieza el puerto (hasta ahora los avituallamientos estaban casi siempre al pie de las subidas).

Al llegar me tomo dos vasos de isotónicos y me dicen que ya estoy a la mitad del puerto y que ahora la pendiente de suaviza. Qué alivio! Aún quedaban 2 o 3 km para terminar, con una pendiente continua del 10-15%. El ánimo puede ya más que las fuerzas, incluso voy adelantando, me encontraba hasta bien, sabia que estaba a escasos 10 km de terminar. Y culmino con Tonda, jodido puerto! Pero espectacular, como la bajada que había despues, como todas, rápida y peligrosa por las piedras sueltas. Tras una recta rapidísima hago un giro a la derecha y me encuentro con Belbiker, había pinchado. Con él estaban dos senderistas que le estaban ayudando, uno de Merida y otro de Badajoz. Me pongo tambien a ayudar, tardamos unos 10 minutos (más otros 15 que llebaba allí él). Conseguimos colocar la rueda en su sitio y seguimos descendiendo, ya trepidantemente, hasta la carretera de Calcena, que esta a solo 4 km. Meto plato grande y aprieto para acabar dándolo todo. En la bajada Belbiker tuvo más precaución, por si la rueda seguía pinchada, por lo que perdió algun minuto. Llegamos casi a la par, y terminamos en algo menos de 7 horas.

No había clasificación, porque no era una ruta competitiva. Para nosotros ha sido un logro personal, acabar una ruta de las grandes, con el poco tiempo que llevamos en la MTB.

Despues de llegar comimos una estupenda fideuá, que estaba para chuparse los dedos, tan buena que repetimos. Y tras una ducha, conseguimos que un masajista nos diera un masaje en las piernas..que más se puede pedir, a la organización? Desde aquí nuestra felicitación para ellos, si podemos el año que viene volveremos sin dudarlo.

3 de agosto. Vuelta a Alcázar