También vivimos la magia de Ayora

Nuestro amigo Miguel Ángel Corral nos manda esta crónica de la ruta cicloturista de carretera de los Castillos celebrada el día 4 de mayo en Ayora

El pasado sábado 4 de mayo se celebró por quinta vez consecutiva la marcha cicloturista “Ruta de los Castillos” del valle de Ayora, con la participación de 1200 ciclistas llegados de todos los puntos del país, lo que supuso un gran éxito. Esta prueba está considerada entre las 10 cicloturistas más importantes y mejor organizadas del panorama nacional por las web especializadas. Desde aquí hacemos llegar nuestra felicitación y le damos la enhorabuena al club ciclista Castillo de Ayora, por el esfuerzo que realizan cada año y el cariño con que nos acogen a todos los que allí nos presentamos.

Tras haber participado en la Lolo San Roma de Almagro, hacía unos días, cuatro alcazareños también hemos querido disfrutar de la magia de Ayora, y allí nos presentamos Raúl, Francisco, David y Miguel Ángel, con ánimo de hacer lo mejor posible, cada uno dentro de sus posibilidades. El que suscribe sin más pretensión que preparar otros retos mayores.

La mañana se presentaba fresquita, y a eso de las 8, hora de inicio de la prueba, todos los participantes nos disponíamos en el mismo centro de Ayora, junto al ayuntamiento, donde tras la traca de rigor, arrancó el discurrir de la serpiente multicolor.

Durante los primeros kilómetros, la carretera iba colocando a cada cual en su lugar, tanto por el trazado, ascendente de inicio, como por el ritmo exigente impuesto por los participantes. Aquí fue donde vi pasar a Paco, Raúl y David. Nos saludamos unos breves instantes, para centrarnos cada uno en nuestra propia carrera. Nos esperaban cuatro puertos durante la jornada, uno más -de regalo- que el año anterior, tres de primera categoría y uno de segunda.

El trazado no tenía ni un solo kilómetro llano. La marcha discurría casi en su totalidad por carreteras secundarias, rodeadas de montañas y valles, que este año están especialmente verdes por las lluvias. Cientos de voluntarios, distribuidos antes de las curvas, advierten de los peligros que se acercan, y nos hacen sentir más seguros.

Llegamos al primer puerto de la jornada en el km. 40, “el Campichuelillo”. Las primeras rampas asustan, con cemento por firme al inicio, y desniveles de más del 10%. Cuando la gente piensa que falta poco para coronar, de repente la carretera se vuelve a empinar, con tramos del 16%, que obligan a ponernos de pié sobre la bici, y dar lo mejor de cada uno.

Tras la bajada, y después de saltarnos el primer avituallamiento de la jornada, se nos presenta la segunda dificultad del día, el puerto de “Casas del Rio”, el más asequible de los cuatro y conocido por los participantes de ediciones anteriores. El firme es bueno y la bicicleta avanza sin dificultad, haciéndose muy llevadera la subida. Coincido con varias chicas en la subida, impresiona verlas subir entre tanto hombre.

A la tercera dificultad, “el Morajete”, llegamos tras un prolongado descenso en el que los ciclistas nos hemos dispersado en numerosos grupos. Y comenzamos la subida del más largo de la jornada, con duras rampas de carretera secundaria, que obligan a apretar dientes y bajar cremalleras buscando refrigeración. Se me hace durísimo el ascenso, y la kilometrada empieza a hacer mella en las piernas. Casi al final está el segundo avituallamiento, y, esta vez sí, paramos a reponer líquido, pero hay que hacer cola para recibir agua de los camiones. Con poco tiempo para pensar, nos subimos de nuevo a la bici para afrontar el tercer descenso del día.

Un cúmulo de sube y bajas anteceden la llegada al cuarto puerto, “el Caroche”. En el km. 140 las carretera se retuerce y empina aún más, y con ella nosotros para salvar la máxima dificultad de día. La subida se hace durísima, pero el redoble de los tambores de una comparsa local, hace más llevadero el sufrimiento de los ciclistas. Son tres kilómetros interminables, en los que vimos a gente apeándose de la bici, con las piernas acalambradas, todo un espectáculo.

Tras coronar, sólo 25 km. nos separaban de nuestro destino. Un par de rampas, con un 5% de desnivel, antes de la meta, terminarían por minar las fuerzas de muchos.
Raul

Al final, objetivo conseguido. Quedan atrás 160 km., 2800 m. de desnivel, y muchos momentos de sufrimiento. Felicitar a la organización, magnífica; y decir que, si las fuerzas y las lesiones lo permiten, estaremos de nuevo el próximo año, viviendo la magia de Ayora.
MA Corral.

Blog de Miguel Angel Corral: http://macdelfi.blogspot.com.es/

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